lunes, 17 de noviembre de 2008

Steve Winwood en el Cervantes

Cuando uno va a un concierto sin conocer el disco que presenta el artista en ese momento, y sin conocer mas que 3 temas de su extensa discografía, se arriesga ciertamente a no disfrutar 100% del mismo.
Pero si del que hablamos es una autentica leyenda viva, que ha tocado con la élite del rock, que ha sido amigo de Hendrix e íntimo de Clapton, entonces cambia la cosa. A un tipo de ese calibre hay que disfrutarlo no solo por lo que te ofrece, sino por lo que ha ofrecido.
Pero por lo que vi anoche en el Cervantes, Winwood se merece ese estatus por lo que está ofreciendo todavía.
Vaya banda, vaya ejecución, vaya voz... Temas totalmente desconocidos para mí que disfruté enormemente, sobre todo los que tenían un deje funk o soul, donde la banda de acompañamiento se mostraba como un jodido reloj suizo: Un batería excepcional, un multiinstrumentista que se llevo una ovación bien merecida por la exquisitez con la que tocó y la solvencia que mostró con saxofón, flauta, clarinete y teclado; un guitarrista que siendo muy bueno tal vez tuvo menos espacio para el lucimiento, y un percusionista que era una autentica bestia. Muy guapa su novia, por cierto.
Winwood demostró su maestría tanto con los teclados como con la Strato celeste que se colgó en varias ocasiones, pero para ser sincero, disfrute más cuando se colgó una mandolina para interpretar un tema que recibió una ovación por parte de un público bien maduro, que conocía perfectamente todo lo que interpretó el veterano músico. La verdad es que yo conocía 3 temas de los que interpretó durante las dos horas y cuarto del concierto, pero disfrute mucho con casi todos. Con todo, de las 3 facetas que mostró, la de guitarrista, teclista y cantante, me quedó con esta última. Vaya pedazo de voz en directo.
Como anécdota, señalar que cuando iba a interpretar su tema mas famoso, el celebérrimo "Gimme some lovin", tuvo un problema con su teclado, y tuvo que empezar a tocarla con la guitarra. Pero bueno, luego se solventó y acabó todo el mundo cantándola y bailando.
Lo dicho, un gran concierto de un mito viviente que desde luego ofrece conciertos de una calidad desbordante, merced a su propia capacidad interpretativa y la de una banda fantástica.
Y vaya pelazo!