jueves, 14 de noviembre de 2013

Llegó, se fumó un cigarro, y dio el concierto de mi vida. Steven Wilson, Madrid

Admirar hasta la saciedad a un artista, idolatrarlo, puede hacer que no seas objetivo con sus fallos o sus bajadas de nivel creativo. Intento siempre que esto no me suceda, analizo la música y me empapo de ella pero se distinguir entre lo que es glorioso y lo que es de medio pelo, aunque el límite siempre oscila cuando eres muy fan. Lo que para un oyente medio puede ser un 6, para mi es un 7 y medio porque lo analizo desde la admiración y el conocimiento de una carrera o discografía, y tiendo a glorificarlo. 
Y si vas a ver en directo a tu ídolo, bueno, eso es aún más intenso. 

Steven Wilson. Alma mater de Porcupine Tree, componente de Blackfield en mayor o menos medida, discos con No Man, productor de Opeth, Anathema y autor de nuevas mezclas de grandes discos del progresivo, y sobre todo, autor de 3 discos en solitario que me fascinan, especialmente el primero y el que venía a presentar, "The Raven that refused to sing (And other stories)", ya considerado uno de los mejores discos de rock (progresivo) de la historia. 

Sabía lo que iba a ver, sabía lo que me iba a transmitir, sabía que iba a ser uno de los conciertos de mi vida. ¿Iba predispuesto a que así fuera? Posiblemente. 
¿Si hubiese sido un concierto mediocre lo habría disfrutado igual? No. 
Pero es que no podía ser un concierto fallido. Es imposible. Podía ser tedioso, duro, pretencioso, enrevesado… (parece que estoy aplicando algunos adjetivos fácilmente asignables al rock progresivo como género) pero poco más, la calidad de los músicos, de las canciones, del show en sí, hacía imposible un mal (o simplemente notable) concierto. 

Fue un concierto maravilloso. El video introductorio fue una tortura, que consiguió a base de hacer esperar que cuando sonaran las notas de "Trains" el éxtasis fuera total; "Luminol" consiguió que todo el auditorio se pusiera de pie a ovacionarlos siendo la segunda canción, y  pocas veces se me han puesto los vellos de punta como cuando atacaron Postcard. Emocionante es poco. 
Si se me hizo un poco larga alguna intervención de Wilson, pero justamente me sorprendió la cercanía que mostró hacia la audiencia, mostrándose simpático (con la ironía británica por delante) y sobre todo, invitándonos a levantarnos de los asientos e irnos delante del grupo, pese a que el concierto era sentado. 
Vamos, que tener delante a esos músicos tan sumamente cerca, impresiona. 
Mención especial a Guthrie Govan. No es sólo como toca, que si me apuráis creo que es el mejor guitarrista que he visto (lo siento Petrucci), sino lo que transmite. 
Ni una pose guitarrera, ni un meneo de pelo, sólo unas caras de "estoy en mi mundo, soy yo y mi Charvel", mezcladas con mohines como de sorpresa al ver la cara de fanatismo de los que observábamos con detalle sus evoluciones. 
Me fascinó ver a Wilson viéndolo ejecutar un solo totalmente embobado, y Govan terminarlo, ver a su jefe emocionado, y sonreir entre tímido y gordo de orgullo. 

El resto de músicos, que puedo decir. Esos músicos los ves pocas veces en tu vida. Pero si andaba yo enfadado porque no se traía a Marco Minneman en este trozo de gira y va y se trae a otro que ha tocado con Frank Zappa, válgame Dios. 

Los amigos allí presentes comentábamos que fue un concierto muy muy intenso, no había tregua, era una avalancha de sensaciones, sin lugar a descanso. Porque hasta lo delicado, escondía matices, detalles, bofetadas sónicas. No por dureza, o complejidad, que también sino por la exhibición artística que nos estaban dando. 

He visto muestras de virtuosismo, como Dream Theater, y sostenidas en grandes canciones también, pero esto lo sobrepasa. Y mira que soy muy de DT, pero esto me ha dejado ciertamente en estado de shock. 
Al músico le hace querer tirar por la ventana la guitarra y otros artilugios, o bien comprometerte con la causa y vender tu alma y tu tiempo a la mejora como músico y compositor. Yo me apunto más a la segunda opción

En enero vienen Dream Theater a Madrid. No se si iré porque el dinero manda, pero el listón está muy alto.