miércoles, 4 de febrero de 2015

Enero. No se si odiarte o ponerte un piso, en un hueco de mi corazón. 
 2015, como has empezado, hijo de puta. 
Y me temo que no vas a parar. 
 Bueno, hay que ver la parte positiva de todo, y si no lo hago yo, lo hace mi entorno. Incluso en momentos malos, se quedan historias grabadas en la retina. 
A veces han sido musicales, como hace seis años donde en plena crisis Sigur Ros aparecieron para quedarse para siempre, como el “Insurgentes” de Steven Wilson, e incluso el "Chinese Democracy" de Axl. 
Esta vez me voy a acordar y mucho de “Fargo”. 

Esta serie ha sido una buena compañera para unas semanas difíciles, para esos ratos en los que necesitas tener la cabeza llena de otras cosas, y no pensar en los problemas que te tienen fumando más de la cuenta y perdiendo peso comiendo lo mismo o casi que antes. Lástima que sea tan corta. Y lástima, cuidado que van spoilers… lástima nada, mejor soy bueno y no sigo. 

 Que personajes, leches. Billy Bob Thornton, nunca te he tenido en demasiada estima, pero entre el malo que te has marcado y verte charlando en el documental de Lemmy como un rockero más, reconozco que ahora te tengo en mis oraciones. 
No se, nada chirría en esa serie, nada sobra ni falta. 
Me parece perfecta. Entretiene, hace reír, da repeles cuando debe darlo, inquieta, agobia… ¿Superior a la película? Pues casi. A mi parecer, claro.

 Simplemente, cuando miré hacia atrás dentro de unos meses y recuerde ese enero que me dió una buena guantá para darle la bienvenida a 2015, me acordaré de Fargo, y me sacará una sonrisa.
Eh, mi cabeza es mía y opera como quiere. Si quiero ser así de práctico o simple, es asunto mío.